¿Qué sigues intentando “ganar”, que deberías simplemente tener?



lovelygabylovelygaby

Jun 1, 2026

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Hey Jude (Remastered 2015)
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Ayer tuve una conversación con una compañera de la universidad que me recordó muchas cosas. Hablábamos de una clase que tomé el año pasado llamada “Desarrollo personal”, la cual se enfocaba en nuestras constelaciones familiares, tema que, en general, no pasaba por mi cabeza.



Es de esos temas que uno ignora, porque sabes que, si lo analizas, aunque sea un poco, corres el riesgo de que tu mundo se caiga. De esas realidades que no estamos dispuestos a afrontar, ni hoy ni mañana, tal vez nunca.



Pero mi carrera se trata de afrontar las cosas que te persiguen quieras o no, ya que en cualquier momento te vas a sentir identificado con lo que estudias, y tienes que encontrar la manera de manejar con las emociones que esto saca a la luz.



En esta clase teníamos la tarea, a través del cuatrimestre, de desglosar nuestra dinámica familiar, cómo se agrupaba mi familia, quiénes tenían conflictos, cómo trabajábamos juntos para funcionar. Y fue aquí, después de 3 años de carrera, cuando por fin me sentí lista para contestar estas preguntas.



Yo siempre he sido una persona a la que le cuesta expresar lo que siente, porque tengo la creencia irracional de que a nadie le importa lo que estoy diciendo, no importa lo que me diga esa persona. Debido a esto, nunca le conté a nadie las situaciones que me causaban malestar; incluso hoy en día todavía es algo que se me dificulta. Irónico.



Debido a esta creencia, mis primeras clases de taller de desarrollo personal fueron un desastre, especialmente porque el primero se enfocaba casi totalmente en la introspección. Por supuesto, no pasé la materia, porque decidí simplemente no ir; elegí morir.



Pero poco a poco la carrera me obligó, de cierto modo, a madurar, a crecer y a cambiar ciertos patrones que perpetuaba. No solo eso, sino que pasé por situaciones difíciles que me obligaron a cambiar la mentalidad que tenía; si quería sobrevivir, tenía que adaptarme.



Fue entonces cuando las cosas fluyeron; empecé a abrirme un poco más a las personas, a confiar, y a dejar de escuchar la voz en mi cabeza que me repetía constantemente que me callara, que nadie me quería, y que a nadie le importaba lo que me estuviera pasando.



Llegó el día en el que tenía que explicarle a toda mi clase cómo era mi dinámica familiar, algo que consideraba tan íntimo, tan secreto. Pero lo hice, les expliqué todos los cambios en la dinámica que habíamos enfrentado, la relación que yo mantenía con todos, cuál era mi círculo nuclear; les abrí la puerta de mi casa.



Un breve contexto de lo que les comenté fue que yo vivía con mi familia materna, ya que con mi padre nunca he tenido una relación como tal, y desde hace unos años ya simplemente no tenemos comunicación; mi abuela materna, quien era la matriarca del hogar, había fallecido, y nos había costado mucho adaptarnos a este cambio, ya que nadie sabía qué hacer, y yo había adoptado un rol de terapeuta para ciertos miembros de la familia, porque la comunicación entre nosotros era nula, no había un espacio para expresar lo que sentíamos, y yo intentaba regularlos durante el proceso.



Aparte de esto, les expresé como siento que no pertenezco a ningún lugar, con ninguno de los lados de mi familia y en ninguno de mis grupos de amistades. No sé si podría atribuirse a un síndrome de impostor o algo relacionado, pero constantemente siento que soy de todos, pero de nadie, que todos me quieren para algo, pero nadie me quiere porque sí.



Ese podría ser otro blog, así que esa será otra conversación. Yo le explicaba que no sentía que pertenecía en ningún lugar; no porque no me sentía querida, pero en mi círculo nuclear había agrupaciones muy obvias y, por alguna razón, yo no entraba en ninguna.



Debo aclarar que después de eso han pasado muchas cosas. La dinámica nuevamente cambió, ya que esta lo que busca es la “supervivencia” del sistema, cómo afrontan las cosas como familia por el bienestar de todos. Actualmente estamos en un estado bastante estable; no es perfecto, pero ¿qué familia realmente lo es? Me he acercado mucho más a mi mamá; ambas hemos madurado mucho, cosa que nos ayudó a acercarnos sin conflictos.



Pero ese sentimiento me persigue. Ese pensamiento de que estoy sola en este mundo, rodeada de gente, pero sola. Que nunca voy a pertenecer a ningún lugar, como si fuera una intrusa en mi propia familia. Ese sentimiento cuando vas a una fiesta a la que no te invitaron, te das cuenta de que era una reunión íntima y ves cómo todos se preguntan qué haces aquí.



Todavía me encuentro en una lucha constante por ganarme mi lugar, por ese sentido de pertenencia que tanto anhelamos los humanos, nacidos con la carga y el privilegio de ser seres sociales. Sin embargo, no puedo evitar pensar que, en realidad, esta es una lucha interna, y que la única que perpetúa esta creencia soy yo.